martes, 14 de diciembre de 2010

La gratitud influye en la actitud

Como está cerca la Celebración de la Navidad este es el momento más apropiado para recordar con gratitud todo los que hemos logrado en este año que termina, tanto las alegrías por los momentos felices como aquellos pesares por los momentos tristes que son parte de la vida misma. Cuando estemos reunidos con nuestras familias y seres queridos en la Nochebuena o en Navidad debemos dar gracias a Dios por los innumerables presentes que hemos recibido día a día, muchas veces, sin darnos cuenta. La vida misma es un don de inigualable valor.

Cuando pensamos que efectivamente la vida es un don maravilloso que lo venimos recibiendo, todos los días, desde el momento en que nacimos y lo seguiremos recibiendo durante toda nuestra jornada en este mundo tenemos que tener gratitud. Igualmente maravilloso es que este don que recibimos es igual para todos; todos tenemos en un día, 24 horas y como cada hora tiene 60 minutos y cada minutos, 60 segundos, todos disfrutamos de 86, 400 segundos cada día.

Y este maravilloso don es personal, es para cada uno de nosotros y no se lo podemos ceder a otra persona. El tiempo que usted tiene disponible es su vida misma. El tiempo es vida. Si malgasta su tiempo está desperdiciando su vida; si lo administra convenientemente, está administrando su vida. Algunas veces se dice que no se dispone de tiempo para hacer algo; en realidad, todas las personas tienen todo el tiempo que es necesario.

De ahí que debemos tener siempre presente que la cualidad más importante de la vida es el valor de la propia vida. ¿Qué podemos hacer con este maravilloso don? Depende solo de nosotros. Podemos hacer uso correcto de este precioso presente y crecer tan altos como las más altas de las montañas. O podemos malgastarlo y empequeñecernos hasta el tamaño de un grano de arena. Nosotros somos los artífices de nuestro propio destino.

Muriel James y John James, madre e hijo, ambos psicoterapeutas, autores de Passion for Life (Pasión por la vida) expresan: “Tal vez debemos celebrar la vida dando gracias por lo que ha sido, lo que es y lo que puede ser”.

En numerosos estudios recientes se llega a la conclusión que el sentimiento de gratitud es favorable para el bienestar general, que las personas que expresan gratitud son más felices, más optimistas, no sufren de estrés, tienen más satisfacción con sus vidas y tienen gratas y prósperas relaciones personales. Las personas con gratitud tienen pensamientos positivos que les permiten superar con mayor facilidad las dificultades de la propia vida. Posiblemente por esto es que el célebre filósofo romano Marco Tulio Cicerón, en el siglo I a.C., expresaba que “la gratitud es no solamente la más grande de las virtudes sino la madre de todas las otras”. Cuanto más se agradece y se celebra la vida, más hay en la vida por agradecer y celebrar.

Debemos practicar el noble sentimiento de la gratitud dando gracias por lo que somos, por nuestra familia y por los amigos que tenemos, por nuestras habilidades y por lo que podemos lograr cada día. La gratitud permite que nuestro pasado tenga sentido al brindarnos paz hoy y nos permite crear una visión del mañana. La gratitud es la memoria del corazón. Sin embargo, muchas veces no es fácil el ser agradecido. Eric Hoffer, notable escritor estadounidense, expresó: “la matemática más difícil de dominar es aquella que permite contar las bendiciones que recibimos”.

Con amor y gratitud todo se puede superar ya que tienen relación directa con la actitud. Como ya sabemos, la actitud es muy poderosa ya que cuando tenemos la actitud correcta todo mejora en nuestras relaciones y en nuestra vida. Practiquemos la gratitud en todos nuestros actos hasta que se convierta en hábito para así crecer espiritualmente y tener pensamientos positivos para apreciar, día a día, a todos y todo los que nos rodea, la belleza de la vida, disfrutar de lo bueno que tenemos a nuestro alrededor, tener éxito en todo lo que nos propongamos y ser felices, ya que la felicidad está en nosotros mismos.

Cultivemos el sentimiento de gratitud para tener la actitud que nos permita autorrealizarnos a plenitud.

martes, 30 de noviembre de 2010

Ética y Moral

El concepto de ética en nuestra filosofía occidental proviene de Platón, Sócrates y, en especial, de Aristóteles, filósofo griego y tutor de Alejandro el Grande. En su obra Ética a Nicómaco, escrita en el siglo IV a.C., Aristóteles trata sobre el valor y el carácter en la ética y la felicidad. Posteriormente, en el siglo XIII, están los importantes aportes conceptuales de Santo Tomás de Aquino, teólogo y filósofo.

En resumen se podría afirmar, que según nuestra filosofía occidental la ética es algo estable, absoluto, que no cambia y la moral es algo que cambia conforme cambia el tiempo. Algunos usan ética y moral como sinónimos. Sin embargo, los filósofos usan la palabra ética para la ciencia o disciplina teórica y moral para la práctica. La ética es lo que debe ser.

En este artículo me voy a referir a solo dos de los valores que se manifiestan en las personas que actúan con ética y moral, el carácter y la integridad.

El carácter es la fuerza anímica que permite a las personas a gobernarse a sí mismas y que refleja las cualidades de una persona. El carácter también es la suma de aquellas cualidades de excelencia moral que estimula a una persona a hacer lo correcto, que se manifiesta a través de las acciones correctas y apropiadas pese a las presiones internas y externas de hacer lo contrario.

La integridad, en relación con el comportamiento humano, es hacer lo que es correcto legal y moralmente y desechar lo incorrecto, es actuar siempre de acuerdo a lo que uno sabe que es lo correcto sin tener en cuenta las consecuencias. Tener integridad significa ser una persona moral y genuina con un gran sentido de honestidad y veracidad con relación a la motivación de sus actos personales. Una persona íntegra es honesta e incorruptible.

Es evidente que una cosa es saber cuáles son los valores y virtudes que deben regir nuestra conducta y otra, más importante, es vivir y actuar durante toda la vida de acuerdo a esos valores y principios. Probablemente, en todos los niveles de nuestra carrera profesional hay momentos en que tendremos que tomar decisiones éticas y morales difíciles.

Thomas Jefferson, filósofo, político, tercer presidente de EE.UU., expresó: “en cuestiones de estilo, nade en el sentido de la corriente; en asuntos de integridad y principios manténgase firme como una roca”. William Penn, filósofo inglés, expresó: “lo correcto es lo correcto aunque todos estén en contra y lo que es incorrecto es incorrecto aunque todos estén a favor”.

Todos sabemos que la honestidad es mejor que la deshonestidad, que decir la verdad es mejor que mentir, que el respeto a la propiedad ajena es mejor que el robo o la destrucción y, esencialmente, que hay una diferencia entre la conducta correcta e incorrecta de los seres humanos.

Lo importante no es saber o conocer los valores éticos y morales fundamentales sino tener el carácter para actuar siempre con integridad en todas nuestras acciones. Las personas de bien deben desarrollar su carácter moral ya que es la base sobre la cual reposan los principios fundamentales, es la fuerza anímica en los momentos difíciles. Nuestra conciencia debe ser entrenada y cultivada día a día durante toda nuestra vida para actuar correctamente tanto en la vida profesional como en la personal.

Termino con un pensamiento de Albert Einstein: “el esfuerzo más importante del ser humano es luchar por lograr que exista moralidad en nuestras acciones. Nuestro equilibrio interno y aún nuestra existencia dependen de ella. Solo la moralidad en nuestras acciones puede dar belleza y dignidad a nuestras vidas”.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Hay que tener valor

El célebre estadista británico Winston Churchill expresó: “El coraje es la primera de las cualidades humanas porque garantiza todas las otras”.

Para lograr lo que se desea, tener éxito y ser feliz se requiere tener valor, coraje, para enfrentarse al cambio, para enfrentarse a lo desconocido, para aceptar el reto y los desafíos que encontraremos durante toda la jornada de la vida, así como para asumir la responsabilidad de nuestro propio destino.

Hay que tener valor para soñar, para imaginar y para representarnos en la mente lo que se quiere ser, lo que se quiere lograr, lo que se quiere tener. Hay que tener valor para ser lo mejor de lo que podemos ser.

Publio Ovidio Nasón, poeta latino a comienzo del siglo I, expresó: “El coraje lo conquista todo y aún da fortaleza al cuerpo”. Ralph Waldo Emerson, filósofo estadounidense, en el siglo XIX, expresó: “La mitad de la sabiduría de un hombre va con su coraje”. Andrew Jackson, séptimo presidente de EE.UU., más o menos en la misma época, expresó: “Un hombre con coraje hace mayoría”. Es evidente que el coraje influye en forma determinante en nuestras vidas.

Hay que tener coraje para querer estar en lugares, posiciones y situaciones donde nunca hemos estado antes, para probar cuáles son los verdaderos límites de nuestras reales posibilidades así como para romper o eliminar las barreras que a veces se presentan o encontramos que limitan nuestro progreso, desarrollo y autorrealización personal.

Hay que tener coraje para soñar y dar rienda suelta a nuestra imaginación así como paraconvertir nuestros sueños en realidad. En artículos anteriores he mencionado que cada uno de nosotros tiene un potencial ilimitado para alcanzar el éxito y la felicidad y que nuestra actitud mental es determinante para lograr lo que nos proponemos. Walt Disney lo expresó muy claramente cuando dijo: “Todos nuestros sueños se pueden convertir en realidad si tenemos el coraje de querer lograrlos”.

Muchas veces, por alguna influencia externa que hemos recibido en algún momento en nuestra vida podemos pensar que el querer algo es una cierta forma de egoísmo, que no es bueno, que es una pérdida de tiempo o que no vale la pena intentar. Si esto sucede poco a poco se pierde la capacidad de imaginar, la capacidad de soñar.
Por supuesto que todos sabemos que sólo soñar no es suficiente. Porque de lo contrario tendríamos que estar de acuerdo con el poeta dramaturgo español, Pedro Calderón de la Barca, cuando en su obra La vida es sueño, al final del célebre monólogo, Segismundo dice: “Los sueños, sueños son”.

Hay que materializar los sueños en realidad mediante la acción. Hay que trabajar para convertir esos sueños en realidad. Se necesita trabajo, persistencia, perseverancia, determinación, voluntad, confianza en sí mismo para alcanzar lo que nos proponemos. Hay que tener valor para trabajar con pasión para lograr lo que queremos lograr.

Hay que tener valor, coraje, para autoanalizarnos y conocer nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades así como para analizar la situación actual con relación a nuestros sueños y a lo que queremos ser, lograr, hacer y tener. En esta jornada hacia un futuro de éxito y felicidad es importante saber hacia dónde vamos y qué es lo queremos así como también es muy importante saber el lugar y situación actual, nuestro punto de partida en este momento.

Una de las leyes básica de la física es que un cuerpo en reposo tiende a estar en reposo así como un cuerpo en movimiento tiende a estar en movimiento. Toma mucha más energía el arrancar un automóvil, una máquina, un avión que mantenerlos cuando ya están en movimiento. Se necesita más energía para cambiar de dirección que para seguir en la misma dirección. Esta ley también se aplica a nuestra actividad personal.

Si queremos esperar para encontrar la oportunidad ideal, perfecta o más clara o en la que no haya duda o cuando se conozca toda la información posible, de seguro que seguiremos esperando, esperando y esperando y probablemente nunca llegará. Cuanto más tiempo se espere, más energía se requerirá para romper la inercia del reposo. Hay que tener valor, coraje, para empezar o para cambiar. ¡Ahora es el momento!

Hay que tener coraje para tomar riesgos. En cualquier cambio de situación hay un riesgo implícito. Tratar de lograr algo bueno, algo mejor, implica un riesgo, pero no tomarlo significa seguir en la misma situación y si se continúa haciendo lo mismo no habrá ninguna posibilidad de cambio, ni de mejora, ni de convertir los sueños en realidad. El Dr. Maxwell Maltz, autor de Psico-Cibernética, expresa: “Debemos tener el coraje de apostar a nuestras ideas, tomar riesgos calculados y actuar”.

Para tener coraje, valor, es necesario tener confianza en sí mismo y tener claramente definidos los valores personales que nos guiarán a tomar decisiones y llevar a cabo las acciones día a día. Con valores bien definidos podremos tomar decisiones importantes, especialmente cuando se presenten situaciones difíciles en alguna encrucijada en el camino hacia el éxito.

Debemos desarrollar el coraje necesario para tomar las decisiones que nos permitan utilizar el potencial que tenemos al máximo, convertir nuestros sueños en realidad, tener éxito y ser felices.

jueves, 28 de octubre de 2010

La Fe es importante para el Éxito y la Felicidad

Tener fe es creer en algo aun cuando no se puede demostrar. Tener fe es creer en Dios. La fe es la facultad de la mente que encuentra su más alta expresión en la actitud religiosa. Usado en este contexto, tener fe es creer en Dios.

Considero que es muy importante creer en Dios. En mi vida he tenido relaciones de amistad, algunas muy fuertes y que se mantienen vigentes a pesar que han transcurridos muchos años y de encontrarnos en lugares muy distintos y lejanos, con personas que profesan una religión diferente a la mía. Cuando hay auténtica fe en Dios, hay bondad, amor, tolerancia, justicia, respeto, integridad y valores que hacen más fácil la convivencia pacífica y la verdadera amistad entre seres humanos.

Con fe podemos confiar en los extraordinarios poderes del espíritu para poder vivir una vida llena de amor, esperanza, optimismo, entusiasmo, imaginación, creatividad y coraje para disfrutar de la vida a plenitud haciendo uso del potencial que tenemos ya que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

La fe es una virtud que hay que cultivar. “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de las cosas que no vemos” (Hebreos 11:1).

También es cierto que muchas veces ante circunstancias adversas o ante resultados contrarios no esperados, nos invade una cierta duda y nuestra fe se tambalea y flaquea. En realidad lo que sucede es que, en la mayoría de los casos, somos personas de poca fe y por eso dudamos. Cuando tenemos dudas empezamos a vacilar, empezamos a dudar de nuestra capacidad. Hay que tener fe. Para mantener la fe debemos ejercitarnos y orar. La fuerza de la oración es tremenda.

La Madre Teresa tenía una expresión muy hermosa a este respecto cuando decía: “La Madre Teresa sola no puede, pero con Dios todo lo puede”.

Con fe podemos mover montañas. “Les aseguro que si tuvieran fe, aunque sólo fuera del tamaño de una semilla de mostaza. Nada les sería imposible”. (San Mateo 17:20).

Hay numerosos ejemplos del valor de la fe a través de la historia de la humanidad. Uno de ellos lo encontramos en Gandhi, llamado el Mahatma, que con fe, sin poseer dinero ni armas, casi desnudo, logró influir en la mente de doscientos millones de hindúes y logró la independencia de la India en 1947.

Otro ejemplo sobre el valor de la fe es el caso de Nelson Mandela, quien estuvo preso veintiocho años (1962-1990) en Sudáfrica por luchar contra el terrible e inhumano apartheid. Pese a lo que hicieron sus opresores no pudieron disminuir la fe que tenía Nelson Mandela. Algo que es necesario resaltar es que en su primer discurso después de salir de prisión, el 11 de febrero de 1990, Nelson Mandela habló sin rencor ni odio hacia los que le privaron de su libertad y le mantuvieron cautivo. Después de salir libre, logró otra extraordinaria hazaña. El 27 de abril de 1994, Mandela logró realizar su sueño al terminar el apartheid en su país y, pocos días después, en las primeras elecciones libres en su país salió elegido por inmensa mayoría para gobernar Sudáfrica. Cuando visité Johannesburgo en 1980 esto parecía imposible, era algo que se pensaba nunca podía suceder.

El 2 de junio de 1995, el avión del capitán Scott O’Grady, de la Fuerza Aérea de EE.UU., fue derribado cuando sobrevolaba Bosnia. Durante seis días, solo y alimentándose únicamente con hierbas e insectos, logró sobrevivir hasta que fue rescatado. El capitán O’Grady, en su libro Return With Honor (Regresar con Honor), indica: “las tres cosas más importantes en este mundo son: fe en Dios, amor a su familia y amigos, y buena salud”.

Otra ejemplar demostración del gran valor de la fe es el que tuvo durante toda su vida la Madre Teresa. La Madre Teresa era una mujer pequeña en estatura física, con una salud frágil en su juventud, pero se convirtió, debido a su fe, en un verdadero gigante físico y espiritual. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. Siempre ayudó a todos los demás sin distinción de religión o credo. En setiembre de 1997, el día de su funeral en Calcuta, India, la Madre Teresa, quien había dedicado toda su vida “a los más pobres de los pobres”, estuvo rodeada de reyes, príncipes, jefes de estado, prominentes figuras políticas del mundo, así como por católicos, cristianos, hinduistas, budistas, musulmanes y ateos. El homenaje póstumo a la Madre Teresa sobrepasó las férreas barreras de religión, etnia, nacionalidad y cultura.

El caso reciente del rescate de los 33 mineros chilenos atrapados durante 69 días a 700 metros bajo tierra en la mina San José, Copiapó, en el desierto de Atacama, Chile, evento que posiblemente muchos de nosotros hemos visto por TV, es otra de las grandes demostraciones del valor de la fe. Muchos de los mineros rescatados al llegar a la superficie declararon “que vivieron momentos muy duros, pero que lograron superarlos gracias a su fe y a la esperanza de encontrarse con sus familias”. Hemos escuchado o leído, igualmente, expresiones tal como: “la fe en Dios ha traído a esos hombres a la superficie”. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, expresó: “la fe de los mineros ha movido montañas y ha hecho posible el rescate”; posteriormente manifestó: “los mineros demostraron fe, coraje y esperanza y los socorristas, ingenieros y operarios permitieron este milagro”.

¿Qué otra fuerza en la tierra, excepto la fe, podría realizar semejantes hazañas? Con fe y confianza podemos lograr grandes cosas. La fe es una fuerza que mueve montañas. Con fe se pueden convertir los sueños en realidad. Sin fe se experimenta un vacío, miedo y la vida misma carece de sentido. La fe es positiva, enriquece la vida y abre las puertas del éxito y la felicidad.

La fe es la fuente del valor y fortaleza del espíritu. Teniendo fe, todo será posible. Por eso, debemos recordar siempre el Evangelio de San Mateo (17:20): “Les aseguro que si tuvieran fe, aunque sólo sea del tamaño de una semilla de mostaza. Nada les sería imposible”.

Con fe y confianza podemos lograr todo lo que nos propongamos en esta vida. Tener fe es imprescindible para lograr el éxito y la felicidad.

viernes, 15 de octubre de 2010

Perseverancia para lograr el éxito

Una de las características necesarias del carácter para lograr las metas que nos proponemos es tener perseverancia para continuar, pese a los obstáculos que seguramente encontraremos, hasta realizar nuestro objetivo. De ahí que la perseverancia es fundamental para alcanzar el éxito y la felicidad.

¿Qué es la perseverancia? Es mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado; es durar permanentemente o por largo tiempo. Uno de sus sinónimos es la persistencia. Es, en general, un esfuerzo continuo hasta lograr la meta u objetivo propuesto.

Todos tenemos la experiencia de que es relativamente fácil empezar algo, para esto sólo basta tener un poco de entusiasmo. El continuar y persistir una vez que aparezcan las dificultades u obstáculos es cosa diferente; ya que a partir de ese momento se requiere un esfuerzo diferente para continuar hasta lograr el éxito.
Algo similar sucede con las ideas para emprender un proyecto, establecer un negocio o crear alguna innovación – esta es la parte más sencilla y más fácil; llevarlo a la realización, a la práctica, es otra cosa ya que para esto se requiere disciplina, trabajo, paciencia, voluntad inquebrantable y sobre todo perseverancia.

John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. y considerado uno de los más grandes diplomáticos de la historia estadounidense, expresaba: “la paciencia y la perseverancia tienen un efecto mágico antes las cuales las dificultades desaparecen y los obstáculos se desvanecen”.

Thomas Carlyle, historiador y filósofo escocés, expresó: “la permanencia, perseverancia y persistencia a pesar de los obstáculos, el desaliento y las imposibilidades es lo que diferencia un alma fuerte de una débil”.

Y Orison Swett Marden fundador de Success Magazine (La Revista Éxito), prolífico autor de libros sobre motivación, expresó: “Hay algo de genialidad en la persistencia. Conquista a todos sus opositores. Da confianza. Anihila los obstáculos. Todos creen en una persona con determinación. Las personas saben que cuando él o ella se propone algo lo logra”.

Como un ejemplo vívido de los resultados de la perseverancia se puede mencionar el caso del escritor peruano Mario Vargas Llosa que acaba de ser galardonado por la Real Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura del 2010. Mario Vargas Llosa empezó su pasión por la literatura desde muy temprana edad y a los 14 años escribía cartas amorosas para sus amigos y pequeñas novelas románticas picarescas que vendía a algunos de sus compañeros del Colegio Militar Leoncio Prado; es oportuno expresar que inclusive su padre, por propia declaración del escritor, quería que abandonase su inclinación literaria. Pese a influencias contrarias externas, Mario Vargas Llosa persistió en dar rienda suelta a su imaginación escribiendo novelas, ensayos, críticas y obras de teatro durante toda su vida y a los 74 años de edad logra el máximo premio mundial de la literatura. Es un ejemplo de la persistencia en continuar los sueños, convertirlos en realidad y lograr el éxito.

Con perseverancia en la acción, que implica constancia, firmeza y tesón, se puede lograr lo que una persona se propone, cualquiera que sea la magnitud de esa meta; ya que utilizará los medios requeridos, de la mejor manera posible para llegar a ese fin.

El célebre escritor e historiador británico Samuel Johnson expresó: “las grandes obras son realizadas no por la fuerza, sino mediante la perseverancia”.

La perseverancia es un valor que se adquiere mediante la práctica, trabajo, conocimiento, paciencia, determinación y sobre todo actitud. Para desarrollar la perseverancia hay que prepararse para aceptar las derrotas o fracasos, aprender de los errores y jamás dejarse dominar por los pensamientos negativos o pesimistas. Hay que seguir tratando y tratando con optimismo y esperanza y no darse por vencido jamás hasta alcanzar las metas fijadas.

Para perseverar hay que pensar constantemente en las metas y tener la confianza en sí mismo para continuar con determinación hasta convertir en realidad lo que se ha propuesto. Con perseverancia se va en camino hacia el éxito.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Objetivo: La Excelencia

La excelencia, según el diccionario de la Real Academia Española, es la superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación. Para lograr la excelencia en las acciones de nuestra vida tenemos que constantemente tener en mente que debemos hacer lo que nos proponemos lo mejor que seamos capaces. De esta manera nuestras obras sobresaldrán en bondad, mérito o estimación.

A través de la historia de la humanidad, las personas que han sobresalido en las diferentes áreas de la vida son aquellas que siempre han tratado de desarrollar su potencial al máximo. Es una virtud que hay que cultivar y desarrollar. Sabemos que la virtud es fuerza, vigor, valor; es integridad de ánimo y bondad de vida; es la disposición constante del alma para las acciones conformes a la ley moral; es un recto modo de proceder. Con razón, según los historiadores, en la antigua Grecia la palabra virtud prácticamente se confundía con la excelencia.

Particularmente en el campo de las instituciones académicas, organizaciones empresariales, negocios, actividades artísticas y deportivas se considera que la excelencia es una virtud y una meta por lograr. Es común encontrar en la exposición de la misión y operaciones frases como: excelencia operativa, compromiso a la excelencia, excelencia en liderazgo, excelencia en la fabricación, excelencia académica, nuestra meta es la excelencia y muchas otras más. En universidades e instituciones de capacitación empresarial se dictan cursos relacionados con la excelencia como: Procesos de la excelencia, Excelencia en el control de riesgos, las Series de excelencia, Excelencia en la administración de la calidad, Excelencia en marketing y otros.

En realidad, de lo que se trata es obtener resultados sobresalientes en todo lo que una organización o persona emprenda. En todo lo que nos propongamos, en todo lo que hagamos debemos tratar de ser lo mejor de lo que podemos ser. De esta forma en nuestras acciones no aceptaremos resultados mediocres o regulares.

Aristóteles expresó: “Somos lo que repetidamente hacemos. Por lo tanto, la excelencia no es un acto, es un hábito”.

Ralph Marston, autor y editor de The Daily Motivator (El motivador diario) expresa: “la excelencia no es una habilidad, es una actitud. Lo que usted hace hoy lo puede mejorar mañana. Siempre espere lo mejor de usted mismo y haga lo necesario para que sea una realidad”.

Y Vince Lombardi, legendario entrenador de fútbol americano, experto motivador, su equipo ganó cinco campeonatos, expresaba: “La calidad de vida de una persona está en directa proporción con su compromiso hacia la excelencia, cualquiera que sea su campo de acción”.

Al ser la excelencia una actitud, un hábito, debemos buscar alcanzarla en todo lo que hacemos, en todas las área de la vida, personal y familiar, profesional y financiera, físico y salud, espiritual y ética, social y cultural. De esta manera lograremos una auténtica autorrealización para lograr el éxito y la felicidad.

Lo mágico de todo esto es que todos, cada uno de nosotros, puede desarrollar al máximo su potencial mediante la fijación de objetivos o metas, haciendo lo que a uno más le guste hacer en base a sus sueños, mediante un plan de acción para realizar las acciones necesarias para convertir sus sueños en realidad, preparándose en forma consciente para hacer lo que se tiene que hacer de la mejor manera posible, trabajando fuerte con disciplina y en forma inteligente con confianza en sí mismo.

Hay que tener un fervoroso deseo y un férreo compromiso para hacer todo lo que sea requerido para alcanzar las metas que usted mismo se ha fijado sin tener en cuenta lo que las otras personas puedan pensar, decir o hacer.

Con persistencia, concentración, esperanza, actitud mental positiva, inquebrantable fe y confianza en sí mismo se puede lograr la excelencia en todos nuestros actos, y así la excelencia será un hábito que nos caracterizará.

Practicando la excelencia estaremos en condiciones de hacer lo correcto en el momento correcto y de la manera correcta; de hacer las cosas mejor de lo que fueron hechas anteriormente; de eliminar los posibles errores; de ser cortés y tolerante; de ser permanentemente un ejemplo; de disfrutar plenamente en el trabajo; no aceptar las excusas ni las dilaciones; de analizar la situación y no actuar impulsivamente; de actuar en base a la razón y creatividad y no en base a lo que se ha estado haciendo; y de no contentarse jamás con un resultado a medias.

Al ser la excelencia parte de nosotros mismos la aplicaremos en todos los aspectos de nuestra vida, en casa como en el lugar de trabajo, cuando jugamos o cuando trabajamos, estará presente en nuestra mente y en nuestro cuerpo, es decir en todo momento. Al ser personas que tenemos una clara visión de la excelencia esto se reflejará en nuestra manera de ser y en nuestros actos. Teniendo en mente la excelencia siempre haremos lo mejor que podamos hacer. Por eso, nuestro objetivo: la excelencia.

martes, 14 de septiembre de 2010

Confianza en sí mismo – Historia de la familia y el burro

Como mencioné en mi artículo Confianza en sí mismo, para lograr lo que uno se propone en la vida es imprescindible tener gran confianza en sí mismo. Sabemos que “la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito” y que es necesaria para lograr el éxito y la felicidad.

Con confianza en sí mismo se estará en condiciones de aprovechar las oportunidades que nos presenta la vida. La confianza en sí mismo es algo que se adquiere y que se convierte en un hábito. Con confianza en sí mismo se puede lograr lo que otras personas pueden pensar que es imposible realizar. Con confianza en sí mismo se acepta la responsabilidad por sus propias acciones, se tiene una actitud equilibrada, se es flexible ante las acciones de otras personas, se acepta el cambio como algo normal en la vida, se actúa sin tener en cuenta las opiniones de terceros.

Las opiniones de terceros, muchas veces en algunas personas, influyen de alguna manera sobre los sueños que se tengan, sobre las metas que se han fijado, sobre los planes de acción que se establezcan para concretar una idea e igualmente sobre la autoestima. Seguramente nosotros conocemos a ciertas personas que les gusta pedir la opinión a varias personas sobre alguna decisión que desean tomar.

Hay una historia que leí hace años que me impactó sobre las opiniones o críticas de terceros. Recientemente la he vuelto a leer gracias a un email enviado por un amigo y como es muy pertinente al tema que estoy tratando deseo compartirla con ustedes. Es la historia de la Familia y el burro.

Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro; que decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro.
Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: “Mira ese chico mal educado; él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas”.
Entonces, la mujer le dijo a su esposo: No permitamos que la gente hable mal del niño.
El esposo lo bajó y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: “Mira qué sinvergüenza ese tipo; deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”. Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro, mientras padre e hijo tiraban de las riendas.
Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: “Pobre hombre. Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! y pobre hijo ¡qué le espera con esa madre!”
Se pusieron de acuerdo y decidieron subir los tres al burro para comenzar nuevamente su peregrinaje.
Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían: “Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!”
Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.
Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: “Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”.


La confianza en sí mismo nos permite actuar de acuerdo a nuestros propios pensamientos, a nuestros valores, con firmeza y decisión sin tener cuenta lo que otras personas puedan pensar, decir o actuar; así como también sabiendo que las decisiones que tomemos posiblemente, nunca, serán de la aprobación de todas las personas ni que podamos contentar a todos.

Bruce Jenner, considerado el “mejor atleta del mundo” al obtener la medalla de oro en decatlón en la Olimpiadas de Montreal, Canadá, en 1976, en su libro Finding the Champion Within (Encontrando al campeón que está dentro de uno mismo), expresa: “he descubierto que nuestra actuación en la vida es un reflejo de la imagen que tenemos de nosotros mismos”.

Con confianza en sí mismo seremos invulnerables a las críticas destructivas y tendremos la capacidad para aceptar las críticas constructivas y seremos tolerantes con los demás. Al tener confianza en sí mismo tendremos la habilidad necesaria para aceptar y adaptarnos a los cambios que son consecuencia del progreso y desarrollo; de reconocer los errores que cometamos y ser capaces de corregirlos; de poder actuar, cooperar y comunicarnos con otras personas; de tratar a otras personas con respeto, benevolencia, generosidad y justicia.

La confianza en sí mismo es indispensable para lograr el éxito y la felicidad.