jueves, 28 de octubre de 2010

La Fe es importante para el Éxito y la Felicidad

Tener fe es creer en algo aun cuando no se puede demostrar. Tener fe es creer en Dios. La fe es la facultad de la mente que encuentra su más alta expresión en la actitud religiosa. Usado en este contexto, tener fe es creer en Dios.

Considero que es muy importante creer en Dios. En mi vida he tenido relaciones de amistad, algunas muy fuertes y que se mantienen vigentes a pesar que han transcurridos muchos años y de encontrarnos en lugares muy distintos y lejanos, con personas que profesan una religión diferente a la mía. Cuando hay auténtica fe en Dios, hay bondad, amor, tolerancia, justicia, respeto, integridad y valores que hacen más fácil la convivencia pacífica y la verdadera amistad entre seres humanos.

Con fe podemos confiar en los extraordinarios poderes del espíritu para poder vivir una vida llena de amor, esperanza, optimismo, entusiasmo, imaginación, creatividad y coraje para disfrutar de la vida a plenitud haciendo uso del potencial que tenemos ya que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

La fe es una virtud que hay que cultivar. “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de las cosas que no vemos” (Hebreos 11:1).

También es cierto que muchas veces ante circunstancias adversas o ante resultados contrarios no esperados, nos invade una cierta duda y nuestra fe se tambalea y flaquea. En realidad lo que sucede es que, en la mayoría de los casos, somos personas de poca fe y por eso dudamos. Cuando tenemos dudas empezamos a vacilar, empezamos a dudar de nuestra capacidad. Hay que tener fe. Para mantener la fe debemos ejercitarnos y orar. La fuerza de la oración es tremenda.

La Madre Teresa tenía una expresión muy hermosa a este respecto cuando decía: “La Madre Teresa sola no puede, pero con Dios todo lo puede”.

Con fe podemos mover montañas. “Les aseguro que si tuvieran fe, aunque sólo fuera del tamaño de una semilla de mostaza. Nada les sería imposible”. (San Mateo 17:20).

Hay numerosos ejemplos del valor de la fe a través de la historia de la humanidad. Uno de ellos lo encontramos en Gandhi, llamado el Mahatma, que con fe, sin poseer dinero ni armas, casi desnudo, logró influir en la mente de doscientos millones de hindúes y logró la independencia de la India en 1947.

Otro ejemplo sobre el valor de la fe es el caso de Nelson Mandela, quien estuvo preso veintiocho años (1962-1990) en Sudáfrica por luchar contra el terrible e inhumano apartheid. Pese a lo que hicieron sus opresores no pudieron disminuir la fe que tenía Nelson Mandela. Algo que es necesario resaltar es que en su primer discurso después de salir de prisión, el 11 de febrero de 1990, Nelson Mandela habló sin rencor ni odio hacia los que le privaron de su libertad y le mantuvieron cautivo. Después de salir libre, logró otra extraordinaria hazaña. El 27 de abril de 1994, Mandela logró realizar su sueño al terminar el apartheid en su país y, pocos días después, en las primeras elecciones libres en su país salió elegido por inmensa mayoría para gobernar Sudáfrica. Cuando visité Johannesburgo en 1980 esto parecía imposible, era algo que se pensaba nunca podía suceder.

El 2 de junio de 1995, el avión del capitán Scott O’Grady, de la Fuerza Aérea de EE.UU., fue derribado cuando sobrevolaba Bosnia. Durante seis días, solo y alimentándose únicamente con hierbas e insectos, logró sobrevivir hasta que fue rescatado. El capitán O’Grady, en su libro Return With Honor (Regresar con Honor), indica: “las tres cosas más importantes en este mundo son: fe en Dios, amor a su familia y amigos, y buena salud”.

Otra ejemplar demostración del gran valor de la fe es el que tuvo durante toda su vida la Madre Teresa. La Madre Teresa era una mujer pequeña en estatura física, con una salud frágil en su juventud, pero se convirtió, debido a su fe, en un verdadero gigante físico y espiritual. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. Siempre ayudó a todos los demás sin distinción de religión o credo. En setiembre de 1997, el día de su funeral en Calcuta, India, la Madre Teresa, quien había dedicado toda su vida “a los más pobres de los pobres”, estuvo rodeada de reyes, príncipes, jefes de estado, prominentes figuras políticas del mundo, así como por católicos, cristianos, hinduistas, budistas, musulmanes y ateos. El homenaje póstumo a la Madre Teresa sobrepasó las férreas barreras de religión, etnia, nacionalidad y cultura.

El caso reciente del rescate de los 33 mineros chilenos atrapados durante 69 días a 700 metros bajo tierra en la mina San José, Copiapó, en el desierto de Atacama, Chile, evento que posiblemente muchos de nosotros hemos visto por TV, es otra de las grandes demostraciones del valor de la fe. Muchos de los mineros rescatados al llegar a la superficie declararon “que vivieron momentos muy duros, pero que lograron superarlos gracias a su fe y a la esperanza de encontrarse con sus familias”. Hemos escuchado o leído, igualmente, expresiones tal como: “la fe en Dios ha traído a esos hombres a la superficie”. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, expresó: “la fe de los mineros ha movido montañas y ha hecho posible el rescate”; posteriormente manifestó: “los mineros demostraron fe, coraje y esperanza y los socorristas, ingenieros y operarios permitieron este milagro”.

¿Qué otra fuerza en la tierra, excepto la fe, podría realizar semejantes hazañas? Con fe y confianza podemos lograr grandes cosas. La fe es una fuerza que mueve montañas. Con fe se pueden convertir los sueños en realidad. Sin fe se experimenta un vacío, miedo y la vida misma carece de sentido. La fe es positiva, enriquece la vida y abre las puertas del éxito y la felicidad.

La fe es la fuente del valor y fortaleza del espíritu. Teniendo fe, todo será posible. Por eso, debemos recordar siempre el Evangelio de San Mateo (17:20): “Les aseguro que si tuvieran fe, aunque sólo sea del tamaño de una semilla de mostaza. Nada les sería imposible”.

Con fe y confianza podemos lograr todo lo que nos propongamos en esta vida. Tener fe es imprescindible para lograr el éxito y la felicidad.

viernes, 15 de octubre de 2010

Perseverancia para lograr el éxito

Una de las características necesarias del carácter para lograr las metas que nos proponemos es tener perseverancia para continuar, pese a los obstáculos que seguramente encontraremos, hasta realizar nuestro objetivo. De ahí que la perseverancia es fundamental para alcanzar el éxito y la felicidad.

¿Qué es la perseverancia? Es mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado; es durar permanentemente o por largo tiempo. Uno de sus sinónimos es la persistencia. Es, en general, un esfuerzo continuo hasta lograr la meta u objetivo propuesto.

Todos tenemos la experiencia de que es relativamente fácil empezar algo, para esto sólo basta tener un poco de entusiasmo. El continuar y persistir una vez que aparezcan las dificultades u obstáculos es cosa diferente; ya que a partir de ese momento se requiere un esfuerzo diferente para continuar hasta lograr el éxito.
Algo similar sucede con las ideas para emprender un proyecto, establecer un negocio o crear alguna innovación – esta es la parte más sencilla y más fácil; llevarlo a la realización, a la práctica, es otra cosa ya que para esto se requiere disciplina, trabajo, paciencia, voluntad inquebrantable y sobre todo perseverancia.

John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. y considerado uno de los más grandes diplomáticos de la historia estadounidense, expresaba: “la paciencia y la perseverancia tienen un efecto mágico antes las cuales las dificultades desaparecen y los obstáculos se desvanecen”.

Thomas Carlyle, historiador y filósofo escocés, expresó: “la permanencia, perseverancia y persistencia a pesar de los obstáculos, el desaliento y las imposibilidades es lo que diferencia un alma fuerte de una débil”.

Y Orison Swett Marden fundador de Success Magazine (La Revista Éxito), prolífico autor de libros sobre motivación, expresó: “Hay algo de genialidad en la persistencia. Conquista a todos sus opositores. Da confianza. Anihila los obstáculos. Todos creen en una persona con determinación. Las personas saben que cuando él o ella se propone algo lo logra”.

Como un ejemplo vívido de los resultados de la perseverancia se puede mencionar el caso del escritor peruano Mario Vargas Llosa que acaba de ser galardonado por la Real Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura del 2010. Mario Vargas Llosa empezó su pasión por la literatura desde muy temprana edad y a los 14 años escribía cartas amorosas para sus amigos y pequeñas novelas románticas picarescas que vendía a algunos de sus compañeros del Colegio Militar Leoncio Prado; es oportuno expresar que inclusive su padre, por propia declaración del escritor, quería que abandonase su inclinación literaria. Pese a influencias contrarias externas, Mario Vargas Llosa persistió en dar rienda suelta a su imaginación escribiendo novelas, ensayos, críticas y obras de teatro durante toda su vida y a los 74 años de edad logra el máximo premio mundial de la literatura. Es un ejemplo de la persistencia en continuar los sueños, convertirlos en realidad y lograr el éxito.

Con perseverancia en la acción, que implica constancia, firmeza y tesón, se puede lograr lo que una persona se propone, cualquiera que sea la magnitud de esa meta; ya que utilizará los medios requeridos, de la mejor manera posible para llegar a ese fin.

El célebre escritor e historiador británico Samuel Johnson expresó: “las grandes obras son realizadas no por la fuerza, sino mediante la perseverancia”.

La perseverancia es un valor que se adquiere mediante la práctica, trabajo, conocimiento, paciencia, determinación y sobre todo actitud. Para desarrollar la perseverancia hay que prepararse para aceptar las derrotas o fracasos, aprender de los errores y jamás dejarse dominar por los pensamientos negativos o pesimistas. Hay que seguir tratando y tratando con optimismo y esperanza y no darse por vencido jamás hasta alcanzar las metas fijadas.

Para perseverar hay que pensar constantemente en las metas y tener la confianza en sí mismo para continuar con determinación hasta convertir en realidad lo que se ha propuesto. Con perseverancia se va en camino hacia el éxito.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Objetivo: La Excelencia

La excelencia, según el diccionario de la Real Academia Española, es la superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación. Para lograr la excelencia en las acciones de nuestra vida tenemos que constantemente tener en mente que debemos hacer lo que nos proponemos lo mejor que seamos capaces. De esta manera nuestras obras sobresaldrán en bondad, mérito o estimación.

A través de la historia de la humanidad, las personas que han sobresalido en las diferentes áreas de la vida son aquellas que siempre han tratado de desarrollar su potencial al máximo. Es una virtud que hay que cultivar y desarrollar. Sabemos que la virtud es fuerza, vigor, valor; es integridad de ánimo y bondad de vida; es la disposición constante del alma para las acciones conformes a la ley moral; es un recto modo de proceder. Con razón, según los historiadores, en la antigua Grecia la palabra virtud prácticamente se confundía con la excelencia.

Particularmente en el campo de las instituciones académicas, organizaciones empresariales, negocios, actividades artísticas y deportivas se considera que la excelencia es una virtud y una meta por lograr. Es común encontrar en la exposición de la misión y operaciones frases como: excelencia operativa, compromiso a la excelencia, excelencia en liderazgo, excelencia en la fabricación, excelencia académica, nuestra meta es la excelencia y muchas otras más. En universidades e instituciones de capacitación empresarial se dictan cursos relacionados con la excelencia como: Procesos de la excelencia, Excelencia en el control de riesgos, las Series de excelencia, Excelencia en la administración de la calidad, Excelencia en marketing y otros.

En realidad, de lo que se trata es obtener resultados sobresalientes en todo lo que una organización o persona emprenda. En todo lo que nos propongamos, en todo lo que hagamos debemos tratar de ser lo mejor de lo que podemos ser. De esta forma en nuestras acciones no aceptaremos resultados mediocres o regulares.

Aristóteles expresó: “Somos lo que repetidamente hacemos. Por lo tanto, la excelencia no es un acto, es un hábito”.

Ralph Marston, autor y editor de The Daily Motivator (El motivador diario) expresa: “la excelencia no es una habilidad, es una actitud. Lo que usted hace hoy lo puede mejorar mañana. Siempre espere lo mejor de usted mismo y haga lo necesario para que sea una realidad”.

Y Vince Lombardi, legendario entrenador de fútbol americano, experto motivador, su equipo ganó cinco campeonatos, expresaba: “La calidad de vida de una persona está en directa proporción con su compromiso hacia la excelencia, cualquiera que sea su campo de acción”.

Al ser la excelencia una actitud, un hábito, debemos buscar alcanzarla en todo lo que hacemos, en todas las área de la vida, personal y familiar, profesional y financiera, físico y salud, espiritual y ética, social y cultural. De esta manera lograremos una auténtica autorrealización para lograr el éxito y la felicidad.

Lo mágico de todo esto es que todos, cada uno de nosotros, puede desarrollar al máximo su potencial mediante la fijación de objetivos o metas, haciendo lo que a uno más le guste hacer en base a sus sueños, mediante un plan de acción para realizar las acciones necesarias para convertir sus sueños en realidad, preparándose en forma consciente para hacer lo que se tiene que hacer de la mejor manera posible, trabajando fuerte con disciplina y en forma inteligente con confianza en sí mismo.

Hay que tener un fervoroso deseo y un férreo compromiso para hacer todo lo que sea requerido para alcanzar las metas que usted mismo se ha fijado sin tener en cuenta lo que las otras personas puedan pensar, decir o hacer.

Con persistencia, concentración, esperanza, actitud mental positiva, inquebrantable fe y confianza en sí mismo se puede lograr la excelencia en todos nuestros actos, y así la excelencia será un hábito que nos caracterizará.

Practicando la excelencia estaremos en condiciones de hacer lo correcto en el momento correcto y de la manera correcta; de hacer las cosas mejor de lo que fueron hechas anteriormente; de eliminar los posibles errores; de ser cortés y tolerante; de ser permanentemente un ejemplo; de disfrutar plenamente en el trabajo; no aceptar las excusas ni las dilaciones; de analizar la situación y no actuar impulsivamente; de actuar en base a la razón y creatividad y no en base a lo que se ha estado haciendo; y de no contentarse jamás con un resultado a medias.

Al ser la excelencia parte de nosotros mismos la aplicaremos en todos los aspectos de nuestra vida, en casa como en el lugar de trabajo, cuando jugamos o cuando trabajamos, estará presente en nuestra mente y en nuestro cuerpo, es decir en todo momento. Al ser personas que tenemos una clara visión de la excelencia esto se reflejará en nuestra manera de ser y en nuestros actos. Teniendo en mente la excelencia siempre haremos lo mejor que podamos hacer. Por eso, nuestro objetivo: la excelencia.

martes, 14 de septiembre de 2010

Confianza en sí mismo – Historia de la familia y el burro

Como mencioné en mi artículo Confianza en sí mismo, para lograr lo que uno se propone en la vida es imprescindible tener gran confianza en sí mismo. Sabemos que “la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito” y que es necesaria para lograr el éxito y la felicidad.

Con confianza en sí mismo se estará en condiciones de aprovechar las oportunidades que nos presenta la vida. La confianza en sí mismo es algo que se adquiere y que se convierte en un hábito. Con confianza en sí mismo se puede lograr lo que otras personas pueden pensar que es imposible realizar. Con confianza en sí mismo se acepta la responsabilidad por sus propias acciones, se tiene una actitud equilibrada, se es flexible ante las acciones de otras personas, se acepta el cambio como algo normal en la vida, se actúa sin tener en cuenta las opiniones de terceros.

Las opiniones de terceros, muchas veces en algunas personas, influyen de alguna manera sobre los sueños que se tengan, sobre las metas que se han fijado, sobre los planes de acción que se establezcan para concretar una idea e igualmente sobre la autoestima. Seguramente nosotros conocemos a ciertas personas que les gusta pedir la opinión a varias personas sobre alguna decisión que desean tomar.

Hay una historia que leí hace años que me impactó sobre las opiniones o críticas de terceros. Recientemente la he vuelto a leer gracias a un email enviado por un amigo y como es muy pertinente al tema que estoy tratando deseo compartirla con ustedes. Es la historia de la Familia y el burro.

Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro; que decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro.
Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: “Mira ese chico mal educado; él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas”.
Entonces, la mujer le dijo a su esposo: No permitamos que la gente hable mal del niño.
El esposo lo bajó y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: “Mira qué sinvergüenza ese tipo; deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”. Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro, mientras padre e hijo tiraban de las riendas.
Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: “Pobre hombre. Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! y pobre hijo ¡qué le espera con esa madre!”
Se pusieron de acuerdo y decidieron subir los tres al burro para comenzar nuevamente su peregrinaje.
Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían: “Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!”
Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.
Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: “Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”.


La confianza en sí mismo nos permite actuar de acuerdo a nuestros propios pensamientos, a nuestros valores, con firmeza y decisión sin tener cuenta lo que otras personas puedan pensar, decir o actuar; así como también sabiendo que las decisiones que tomemos posiblemente, nunca, serán de la aprobación de todas las personas ni que podamos contentar a todos.

Bruce Jenner, considerado el “mejor atleta del mundo” al obtener la medalla de oro en decatlón en la Olimpiadas de Montreal, Canadá, en 1976, en su libro Finding the Champion Within (Encontrando al campeón que está dentro de uno mismo), expresa: “he descubierto que nuestra actuación en la vida es un reflejo de la imagen que tenemos de nosotros mismos”.

Con confianza en sí mismo seremos invulnerables a las críticas destructivas y tendremos la capacidad para aceptar las críticas constructivas y seremos tolerantes con los demás. Al tener confianza en sí mismo tendremos la habilidad necesaria para aceptar y adaptarnos a los cambios que son consecuencia del progreso y desarrollo; de reconocer los errores que cometamos y ser capaces de corregirlos; de poder actuar, cooperar y comunicarnos con otras personas; de tratar a otras personas con respeto, benevolencia, generosidad y justicia.

La confianza en sí mismo es indispensable para lograr el éxito y la felicidad.

domingo, 29 de agosto de 2010

La Felicidad

Gallup ha realizado una encuesta mundial sobre la Felicidad que ha sido publicada por Forbes. El trabajo de los investigadores de Gallup se ha llevado a cabo entre los años 2005 y 2009 en 155 países, habiendo entrevistado a miles de personas en cada país. Las preguntas estaban relacionadas con el bienestar general y sobre la satisfacción en sus vidas. Los países que están en la cabeza de la lista son aquellos donde el nivel de prosperidad es elevado y en los cuales las necesidades básicas han sido tomadas en cuenta o en un grado más alto que en otros países. Los investigadores encontraron una cierta relación entre los niveles de ingreso y la satisfacción personal. Dinamarca es el país donde sus habitantes son los más felices del mundo. Siguen Finlandia, Noruega, Suecia y Holanda. Costa Rica está en el sexto lugar, Canadá en el octavo y Estados Unidos en el décimo cuarto lugar.

¿Qué es la felicidad? En términos generales, la felicidad es un estado de ánimo, una condición interna, de satisfacción y alegría cuando una persona logra algo bueno deseado que propicia una paz interior, una actitud positiva que estimula a lograr nuevas metas y autorrealización de la persona.

Aristóteles, célebre filósofo griego, en su obra Ética a Nicómaco, hace más de dos mil años, expresaba que la felicidad es el supremo bien y que es tan importante que todo el resto es sólo un medio para alcanzarla; y que todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices.

En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América se expresa que la búsqueda de la felicidad es un derecho humano.

A través de todos los tiempos filósofos, psicólogos, sociólogos, antropólogos y religiosos han tratado sobre la felicidad.

La felicidad no se adquiere con la posesión de cosas materiales sino fundamentalmente con la satisfacción interna, con la manera como percibimos las cosas y con nuestra actitud mental. Séneca, hace aproximadamente dos mil años expresó “es la mente y no la cantidad lo que hace rica a una persona”.

Nosotros tenemos la capacidad de ser felices si nos lo proponemos. Nosotros obtendremos de la vida exactamente lo que hemos puesto en ella. Cuando hay buenos sentimientos, buenos pensamientos, esfuerzos constructivos y buenos actos, recibiremos, sin duda alguna, algo semejante, porque “el hombre recoge lo que ha sembrado”. Lo que usted hace con su vida depende sólo y exclusivamente de lo que usted decide.

Abraham Maslow, en su obra A Theory of Human Motivation (Una teoría sobre la motivación humana) formula una jerarquía de las necesidades humanas, la Pirámide de Maslow, y expresa que conforme se satisfacen las necesidades básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan otras necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide). El nivel más alto es el de la autorrealización y las personas que se encuentran en este nivel están en condiciones de lograr mayor realización, éxito y felicidad. Esto explicaría quizás el por qué en algunos países el nivel de felicidad es tan bajo y también el por qué Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia y Holanda están en los primeros lugares donde sus ciudadanos son los más felices del mundo.

La felicidad se logra al disfrutar sanamente, con principios y valores morales haciendo uso de nuestros talentos, de nuestra creatividad, de nuestra libertad, de nuestra inteligencia y conocimientos en una forma que realmente tenga valor y que sea trascendente. Hay que atreverse a ser feliz.

Parafraseando las palabras de la canción La Montaña, interpretada por Roberto Carlos, se podría decir para alcanzar la felicidad: Voy a subir la montaña y estar más cerca de Dios y rezar. Voy a pedir que las estrellas no paren de brillar, que los niños no dejen de sonreír, que los hombres jamás se olviden de agradecer. Por eso te digo, te agradezco Señor un día más. Te agradezco Señor por el sol que nació, por la sonrisa, por la esperanza, por el perdón. Una vez más… te agradezco Señor por un nuevo día, por un día más.

La felicidad se logra día a día al dar o recibir un cálido apretón de manos, un abrazo, un beso, una caricia, una sonrisa, una carta o email de un ser querido, al realizar un trabajo dando lo mejor de uno mismo, al establecerse metas, con una actitud positiva ante la vida, con fe y esperanza, disfrutando con los seres que se ama de un hermoso amanecer o ver al sol ocultarse en el horizonte, al observar la extraordinaria belleza de la naturaleza, la majestuosidad de los mares, la variedad de la fauna y flora con sus extraordinarios matices, de escuchar una bella sinfonía o una canción o balada, al leer un libro o visitar un museo, al pasear por un bosque, parques o lugares turísticos; es amar a su esposo o esposa y junto tomar el compromiso de formar un hogar donde siempre exista el amor, la armonía y la comprensión, enfrentar juntos los retos de la formación de los hijos inculcándoles valores morales sólidos para que puedan realizarse en la vida con propia autonomía y consolidar ese amor a través de los años y vivir permanentemente enamorados. La persona que decida vivir célibe puede desarrollarse con libertad y puede ser feliz si desea serlo; así como aquellos que por su profunda vocación dedican su vida para servir a los demás y encuentran la felicidad en cada acción humanitaria, de ayuda o de servicio que realizan. También aquella persona que por razones valederas se separa puede encontrar la felicidad en una nueva oportunidad.

Es decir, todos, cada cual en el campo de acción que elija o situación en la que se encuentre, podemos disfrutar de las bellezas de la vida en nuestra vida diaria y ser felices. Cada persona en su interior debe tener la actitud positiva para ser feliz. Cada persona debe definir, ella misma, lo que es la felicidad. La felicidad se encuentra en nuestro interior. El momento para ser feliz es ahora, hoy. En resumen, la felicidad está al alcance de todos.

La Felicidad

domingo, 15 de agosto de 2010

Confianza en sí mismo



Para realizar lo que uno se propone en la vida es imprescindible tener gran confianza en sí mismo. Ralph Waldo Emerson, gran filósofo estadounidense, manifestó: “la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito”.

De una manera general podemos afirmar que las personas son lo que quieren ser y que nosotros tenemos el control sobre nuestras propias vidas y que los resultados dependerán de lo que hacemos o dejemos de hacer.

Recordemos que nosotros somos lo que pensamos que somos. Todo, absolutamente todo, se genera primero en nuestra mente. Nadie puede ser o llegar a ser algo que no ha pensado. Si una persona tiene pensamientos de grandeza y optimismo, esa persona será grande y optimista. Si tiene pensamientos mediocres y pesimistas será mediocre y pesimista. Nuestros pensamientos y nuestra actitud mental son los que determinan nuestro destino. Por eso, es de gran importancia el proyectar siempre una gran imagen de sí mismo.

Cuando se obtiene confianza en sí mismo se puede llegar a alturas insospechadas impelido por esa fuerza enorme que genera la autoconfianza. Se puede si se cree que se puede.

Nathaniel Branden, PH.D., psicólogo y psicoterapeuta, en su libro The Six Pillars of Self-Esteem (Los seis pilares de la autoestima), define la autoestima como:
1. Confianza en nuestra habilidad de pensar, confianza en nuestra habilidad de hacer frente a los retos básicos de la vida; y
2. Confianza en nuestro derecho de tener éxito y ser felices, de sentir que tenemos valor, que merecemos satisfacer nuestras necesidades y deseos, lograr nuestros valores y disfrutar de nuestros esfuerzos.

La fe, la confianza en sí mismo y la autoestima se obtienen mediante pensamientos positivos. Las personas que tienen pensamientos positivos son optimistas y se enfrentan a los problemas de la vida con esperanza y con una actitud favorable para resolver los problemas.

Nathaniel Branden expresa” “la imagen que la persona tiene de sí misma, ya sea alta o baja, tiende a ser un generador de una profecía que se cumple por sí misma”.

Con confianza en sí mismo la persona es consciente de sus propias habilidades y es capaz de lograr lo que se propone. Un extraordinario ejemplo es el que vemos en la foto. Es el noruego Eskil Ronningsbakken, el más notable equilibrista del mundo, con su pupilo Moses Wepukhuli, de Kenya. Ambos nos demuestran una gran confianza en el dominio de sus cuerpos y realizan lo que desean.

Por supuesto, usted y yo, posiblemente no haremos algo parecido nunca pero si somos conscientes que la confianza es vital en la vida podremos tener éxito y lograr la felicidad.

Con confianza en sí mismo se acepta la responsabilidad por sus propias acciones, se tiene una actitud equilibrada, se es flexible ante las acciones de otras personas, se acepta el cambio como algo normal en la vida, se actúa sin tener en cuenta las opiniones de terceros. La confianza en sí mismo es algo que se adquiere y que se convierte en un hábito. Con confianza en sí mismo se puede lograr lo que otras personas pueden pensar que es imposible realizar. Con confianza en sí mismo se estará en condiciones de aprovechar las oportunidades que nos presenta la vida.

La confianza en sí mismo es indispensable para lograr el éxito y la felicidad.